¿Quieres conocer las historias de las personas en el juego?

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Eduardo

Nací y crecí en Santiago, en la comuna de Lo Prado. Mis padres venían de familias muy pobres, y con mucho esfuerzo lograron comprar el departamento en un block en el que viví hasta los 25. Mi familia no era -técnicamente- pobre, pero de esa clase media-baja que tiene que arreglárselas para costear los gastos, especialmente con cuatro hijos.

Hasta que salí del colegio, y por los siguientes diez años, viví la vida que estaba escrita en mi guión chilensis: polola de Estación Central, amigos de barrios afines, pega de baja paga por mi título técnico… nada del otro mundo.

Siempre me sentí distinto, por otro lado. Mi mundo no se ajustaba a mí, o, en verdad, yo nunca me ajusté a él. “¿Es esto todo lo que hay, lo que me tocó?” Me rebelé en ciertas ocasiones. Dejé mi carrera de Diseño en la U de Chile en el primer año, por lo que fracasé como el primero de mi familia en ir a la universidad. Logré terminar una carrera técnica, becado. Ahí me esforcé de verdad, pero poco después de empezar mandé todo al carajo y me lancé como independiente. Costó al comienzo, pero logré juntar dinero mientras vivía con mi familia, encerrado en un depa de 60 m2. Y mientras los años transcurrían, aunque relativamente mi situación económica iba progresando, y mi relación sentimental se solidificaba, seguía sintiéndome raro. Hasta que colapsé.

Por un par de años tuve una ansiedad tremenda. No podía dormir, a veces ni siquiera podía comer; un nudo en el cuello me ahorcaba todo el tiempo. Por suerte, una sicóloga me hizo darme cuenta de que estaba viviendo una vida que me angustiaba. Así que tomé la decisión de hacer cambios bruscos. Terminé con mi polola de 9 años y me dediqué a vivir la vida loca por meses, hasta quedar en la ruina financiera. Pero valió la pena.

No tenía plata, pero lograba pagar el arriendo de un departamento en Barrio Brasil. Y fue ahí que, en 2013, conocí a la mujer que cambiaría mi vida para siempre: la Vikinga. Una estudiante de intercambio de Noruega que abrió mis ojos y mi corazón a una realidad que nunca había soñado.

El amor fue fulminante, pero no tuve la madurez para construir una relación sana con ella. A finales de 2015, a pocos días de la Navidad, terminé con ella. Completamente solo, me hallé a miles de kilómetros de Chile, en Copenhague. Hacía frío y estaba muy oscuro. Mi vida cambió demasiado en los dos años que pasaron entre que conocí a la Vikinga y dejé todo atrás para intentar una vida juntos en su Europa natal. Pero ahí, en esa fría noche de invierno, nuevamente me dí cuenta que me seguía sintiendo raro. Esta vez, en Dinamarca.

Aunque suene superficial, Tinder fue lo que me mantuvo acá. Claro, conocer y pasar intensos momentos con chicas hermosas fue sólo el comienzo. Armé un grupo de amigos y me tomé más en serio mi trabajo como programador en una empresa danesa. Y de a poco la plata y el éxito profesional comenzaron a llegar. Ese sentimiento extraño, aún adentro, pero más fácil de ignorar.

Ya cumpliendo seis años como inmigrante, tengo docenas de historias de racismo, desencuentros, peleas y diferencias culturales y de idioma a mi haber. Pero he aceptado que sí, soy un bicho raro. Por años pensé que nací en el lugar y tiempo incorrectos, mas no fue así. De a poco voy vislumbrando que todas las piezas de este puzzle llamado vida van tomando forma, y me gusta bastante lo que se va creando frente a mí. Y, lo mejor, tengo una épica historia que contar, aún en desarrollo; libros que ya escribí y más por venir. Literalmente.

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Leydi

Tuve la oportunidad de ganarme una media beca para estudiar en New York en un collage, así que decidí irme como estudiante con la idea de poder quedarme como profesional en dicho país. Mi experiencia fue muy buena ya que se me abrieron muchas puertas y pude hacer muchas cosas dentro del país como profesional. Tuve la oportunidad de vivir en New York por casi 4 años. Me toco ir en un tiempo donde la economía estaba tambaleando, así que no pude conseguir quedarme. 

Regresé a mi país y después volví a viajar a US y esta vez me fui al estado de Carolina del Norte. Como yo tengo muchísima familia en US, en diferentes estados realmente siempre conté con el apoyo de todos mis familiares. Estuve buscando sponsor para poder hacer la renovación de mi visa de trabajo pero no pude conseguir ya que como mencione al principio la economía no estaba buena. Estando en Carolina del Norte me puse a buscar trabajo también en mi país de origen y tuve la oportunidad de conseguir un contrato con ICAO (International Civil Aviation Organization) junto con United Nations. Volé a Panamá después de estar fuera por varios años y bueno empecé a trabajar en el proyecto de ampliación del aeropuerto internacional de Tocumen. Dios me dio la oportunidad de volver a mi patria y reencontrarme con mi familia y amigos, y tuve la bendición de conocer a mi esposo. Trabajamos juntos en dicho proyecto y bueno empezamos a salir y después de un tiempo nos comprometimos. Yo renuncie a mi trabajo que en realidad era solo un contrato por un tiempo corto y me mude nuevamente a US en Washington, DC. Allí estuve por unas semanas y después me mudé con mi esposo a la ciudad de México. En esa ciudad tuve la dicha de ser madre de dos niños. Le doy gracias a Dios por la vida y por la oportunidad que nos ha dado a mi y a mi esposo de recorrer el mundo y conocer otros países y otras culturas. Ha sido un recorrido bien bonito con sus altas y bajas, pero con mucho amor. Cuento con el apoyo siempre de mi familia que me quiere y me apoya en todo. Realmente le doy gracias a Dios por todo lo que tengo.

 

En cuanto a la discriminación si lo sentí y lo viví por primera vez en la ciudad de México. Realmente jamás me imagine que algo así me podía pasar, pero bueno, son experiencias de la vida y con la ignorancia no se puede. Siempre que salía a la calle, la gente me miraba y a veces hasta me hacían cosas como bloquearme el paso o ponerse al frente de mi si estaba viendo algún producto en algún supermercado. Una anécdota fue que salí con una amiga española rubia de ojos azules a acompañarla a ver vestidos de novia y lastimosamente no nos querían vender. Después note que era por mí, por ser de raza negra les molestaba. Le dije a mi amiga que entrara ella sola a la tienda y yo la esperaba afuera y bueno así le pudieron vender. La cosa era conmigo. Les molestaba mucho verme en su país. Cuando tuve a mis hijos y salía con ellos me preguntan que a donde estaba la madre y yo les decía, pero si soy yo y me decía “a poco” no me creían. Increíble hasta dónde llega la ignorancia. Conocí a un señor Venezolano que tenia un restaurante de comida Venezolana en México y me dijo que si, que lastimosamente la gente de la capital es así y no le gustaban los extranjeros (Cubanos, Dominicanos, etc.) y en especial a las personas de raza negra.  

Realmente pienso que para que se acabe la discriminación faltaría muchísimo. Vivimos en un mundo plagado de ignorancia y lastimosamente ese en un cáncer de nunca acabar. 

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Derek

En 1983, por razones económicas, ya que mi madre no podía seguir pagando una universidad y menos dos cuando mi hermano saliera del colegio, ella, mi hermano y yo emigramos a Los Angeles, EE.UU. Sin saber ingles e inicialmente con sueños de poder ganarnos la vida sin los obstáculos de no tener papeles de residencia, desgraciadamente nos vimos forzados por varios años a hacer trabajos muy duros y mal pagados (como limpieza de casas, baños, planchar en una tintoreria, pintando edificios, haciendo encomiendas, cartonero o lo que estuviese disponible), ya que no contábamos con permiso de trabajo. Despues de aprender ingles y 6 años de mucho esfuerzo pudimos formar una empresa de traducción y subtitulaje de películas. Ahí se puede decir que comenzó el repunte económico en nuestras vidas. Esa compañía duro aproximadamente 7 años en los cuales pudimos ahorrar lo suficiente como para jubilarnos; en mi caso a una muy temprana edad. Mi madre retorno a Chile y yo jubilado retome mis estudios para luego terminar mi titulo en el 2001. Desgraciadamente no pude seguir jubilado después de la caída de las bolsas por el “.COM”. Me vi obligado entonces a volver a fuerza laboral como jefe de sistemas en una compañía en Los Angeles. Despues de trabajar ahí 5 años busque nuevos horizontes y me mude a un nuevo trabajo en Miami. Ellos me mandaron a hacerme cargo de un proyecto en Panama en donde conocí a mi esposa con la cual tenemos dos niños varones. Muy poco tiempo después postule a y consegui una posición con el Departamento de Estado de EE.UU. como ingeniero de sistemas. 15 años después y 6 embajadas diferentes, mi familia y yo hemos podido recorrer mucho mundo. Hemos estado trabajando en embajadas en todos los continentes menos en Africa. Ha sido maravilloso conocer tantas culturas muy diversas y de paso aprender un poco de varios idiomas (Rumano, Mandarin, Frances). Pero la historia por ahora no termina ahí ya que seguimos en esta aventura y quiza quien sabe lo que nos depara el futuro……continuará!!

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Valmore

Mi historia es mucho más sencilla que la de la gente que he conocido en mi viaje. Yo Salí de mi país porque mi trabajo cada vez iba peor, pero decidí no esperar a que tocara fondo, para viajar. Salí de mi casa un 19 de Diciembre dejando atrás a mi esposa y mis hijos, solo con una maleta llena de esperanzas, ilusiones y metas que no pude cumplir en Venezuela, hace tres años dejaba la mitad de mi corazón  en Venezuela y la otra mitad estaba en Miami con mis padres.

Cuando estaba llegando a la frontera entre Venezuela y Colombia, me robaron, a mi y a todos lo que íbamos en el bus, por suerte a mí solo me robaron el celular ya que llevaba mis documentos y dinero literalmente en los calzoncillos, ya que sabía que en este trayecto los asaltos eran muy comunes, pero por el contrario vi a muchas personas que se quedaron aquí sin nada, ya que les robaron todo, su dinero y sus documentos.

Pude salir del país y ahí comenzó mi verdadera travesía. Decidí viajar por tierra para ahorra algo de dinero, ya que era más barato, pero sin lugar a dudas termine gastando mucho más, conocí a muchas familias que estaban viajando como yo, pero sin dinero ni siquiera para comer, comían una comida una vez al día o cada 2, a los niños les daban unas galletas y eso era todo, porque o había para más, termine gastanto gran parte de mi dinero comprando comida para toda la gente que viajaba conmigo.

Pase por Colombia, luego Ecuador, Perú y finalmente a Chile llegue un 24 de Diciembre, entre específicamente a las 3 de la tarde. Mi viaje terminaba con un sentimiento agridulce, llegaba a casa, pero sabía que no era así, mi casa estaba a 7 días de viaje, en Venezuela. Sin mi familia con felicidad, tristeza e incertidumbre continúe viajando para llegar a Santiago, sin saber nada ni conocer a nadie partí a Talca para buscar nuevas oportunidades.

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Carlos

Desde pequeño había soñado con viajar por el mundo y vivir en otras culturas, pero jamás imaginé que tendría que adelantar esos planes a la fuerza por la situación que atravesaba (y sigue atravesando al momento de escribir esto) mi país, demostrando nuevamente la catastrófica falla de un modelo impuesto, una receta que se ha intentado anteriormente siempre con los mismos resultados, y que lamentablemente muchos siguen buscando realizar. 

 

¿Por qué Chile? Me preguntan siempre. Elegí migrar a Chile porque mis padres lo habían conocido hace muchos años antes y quedaron enamorados de esta tierra. También porque parte de mi familia más cercana ya se encontraba en Chile desde hacía un par de meses antes que yo. ¿Cómo me ha ido? En Chile me tocó comenzar de cero una y otra vez, lo que me llevó a descubrirme y a desarrollarme como persona. ¿Me gusta? Pues sí, estoy profundamente agradecido con Chilito y su gente, por abrirme las puertas de manera tan hospitalaria. He tenido la oportunidad de compartir con muchas personas, desde familias Mapuches en el sur, y familias en el norte, en la costa y en Santiago, y todos me han apoyado, me han abierto las puertas de sus casas y cuidado como sólo personas de gran corazón pueden hacer. ¡Gracias! Y que este breve relato que me dan la oportunidad de compartir sirva como homenaje a todos y cada uno de ellos. Chile me ha ayudado a descubrir quién soy y a evolucionar en todo sentido, buscando llevar la idea de que no se trata de banderas ni de fronteras, sino de lo que cada uno puede sumar a este mundo. Gracias a todos los chilenos y chilenas y personas en general que me han pedido probar las arepas y otros platillos, que me han preparado un mate, y que me han demostrado todo su cariño. 

 

¿En qué ando? Hago lo mejor que puedo, con lo que tengo y donde estoy, y es así como hoy en día trabajo para hacer de Chile, el pedacito de mundo en el que habito, un lugar mejor, sin olvidar de donde vengo ni hacía donde voy. En Chile soy consultor y facilitador de capacitación, generando empleos y fomentando el desarrollo de la industria creativa junto a comunidades geniales con las que tengo el honor y suerte de trabajar y compartir. Amo los juegos de mesa y estoy convencido de que si jugamos más, podemos hacer del mundo un lugar mejor. 

 

Sobre migrar: Migrar es un proceso complejo, en el que nunca estás ni del todo aquí ni del todo allá. Hay una escultura que vi hace varios años, sin saber que un día la entendería en carne propia, que refleja esto, mostrando a un hombre con su maleta y con el pecho vacío. Así se siente. No por apego ni por falta de gratitud, sino porque migrar significa al mismo tiempo representar todo lo que conoces, y al mismo tiempo abrirte a un mundo completamente nuevo. 

 

A todos los que se encuentren con un extranjero: Una persona que nació al otro lado del mundo y que está en este lugar frente a ti, tiene una historia increíble detrás de sí. Nadie migra para ir a quitarle nada a nadie, al contrario, ha salido en busca de una oportunidad de ser, y de representar de donde viene. Un día podrás estar tú al otro lado del mundo y deseo que sean amables y generosos contigo. Sí, también sé que hay de todo tipo de personas, pero no por eso hay que etiquetarnos a todos como iguales. 

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Priyanka

Vengo de una familia India de clase media, no muy tradicional, mi mamá era una mujer trabajadora, lo cual no era muy común para su época y generación, ella era extremadamente independiente, normalmente se supone que las mujeres sean amas de casa. Ella solía viajar bastante lejos por su trabajo. La expectativa es manejar el hogar sin mucho apoyo, incluso si ella trabaja. Mi papá es un emprendedor, pero no uno exitoso. Fue mi mamá la que se aseguró que mi hermano y yo tuviéramos lo necesitábamos. En India debes ahorrar mucho dinero para la dote si tienes una hija. Mi mamá tenía la opción de ahorrar par  la dote o darme lo que quisiera. Ella prefirió pagar por educación frente mi matrimonio. Fue visionaria con respecto al futuro. Yo no era muy estudiosa o una estudiante buena en clase, pero era inteligente y estudiaba poco, pero lo hacía, sin embargo tenía mucha confianza, sobre todo fue a gracias mi crianza y personalidad centrada. No hubo diferencia entre mi hermano y yo. En mi círculo social, la gente siempre discriminaba a las mujeres frente a los hombres. Las mujeres tenían un rol y una familia.

Mi esposo fue emprendedor por 12 años, y viene de las mejores escuelas de india (colegio y universidad) y siempre fue alguien que vio mi verdadero potencial. Él me empujo y pensó que estaba limitando mi potencial. Siempre le dije que quería tener mi propio negocio, pero no tenía los recursos y ahí es cuando él me conto sobre los programas de aceleración de emprendimientos. Nos inscribimos y ganamos!, pero siempre existió el miedo del riesgo que suponía, porque no tenía un colchón donde caer. No veo esto como una oportunidad. Tengo que intentarlo, de lo contrario podría arrepentirme por el resto de mi vida, tratarlo como si fueran vacaciones y una experiencia de aprendizaje. Viéndolo así, me hizo bajar al ansiedad, trate de dejar de pensar “¿qué pasaría si…?”, pensar positivo. Si vamos a un nuevo país, lo peor que podría pasar es volver a India y buscar trabajo. Esto para lidiar con los miedos.

Vivir en Chile y no saber el lenguaje, tenía mucho miedo. Vivía en India con un lenguaje diferente al mío, así que sabía cómo manejarlo. Aquí fue más duro, porque en Chile muy poca gente habla inglés. Era agradable porque la gente era muy paciente conmigo, usaba traductor google, apuntaba cosas. Fui a la escuela de lenguaje. Es muy importante adaptarse a la cultura, el lenguaje, la cocina, porque así vas a disfrutar más la experiencia.

Era muy diferente el contacto físico de esta cultura, para mí era muy extraño y difícil de entender y sentir. Era muy raro, porque aparte de mi familia nadie había estado tan cerca de mí.

Porque no conocía el lenguaje no podría notar la diferencia entre si las cosas eran culturales o discriminación.

Pienso que Chile está muy cerca de mi corazón, por la oportunidad, el amor y apoyo que me dieron en esta tierra. “LIVE Green” es una compañía global por su visión pero chilena por su corazón.

Hasta ahora tenemos producción y distribución local, así que continuaremos contribuyendo en Chile al crear trabajos.

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Lucien

Todo partió en 1949, pocos años después de la segunda guerra mundial. Me encontraba en Bayona, en el sur de Francia que fue ocupado por los nazis, y la situación económica aún no mejoraba mucho. Se acercó un conocido a ofrecerme trabajo durante dos años como mano de obra de unos campos en el sur de Chile. No lo dudé un segundo y acepté la oferta. Acto seguido, vuelvo a mi casa y busco en el diccionario dónde estaba Chile.

 

El viaje en barco no fue nada fácil y perdí varios kilos en el camino de tanto que me iba mareando en los dos meses de navegación. Llegué a Chile y el primer recuerdo que tuve fue el refrescante aroma de los eucaliptos. Nunca había sentido algo igual. Partí inmediatamente al sur de Chile, a Nehuentúe y sus alrededores, a trabajar en los campos. Sin hablar nada de castellano, me suben a un caballo porque así se movía uno por allá. Me sentía como mi héroe, John Wayne, en una película de vaqueros. Me llamaban el gringo loco, y aún se acordaban de mi cuando los visité muchos años después.

 

En un matrimonio de la comunidad franco-chilena conocí a Huguette Aribit de quién me enamoré hasta las patas. Vivía en una residencial de la que su familia era dueña, en la calle Londres 66, en Santiago. Su familia no aceptaba lo nuestro. Ella, economista de la universidad católica, de una buena familia, mientras que yo venía de un pueblo pequeño sin tener lugar dónde caerme muerto. Pero a ella no le importaba eso. Se escapaba de la residencial por la puerta de servicio para juntarse conmigo y me seguía y apoyaba en todas mis locuras. 

 

Me fui a la capital y había que ganar plata de alguna forma. Trabajé de bombero en una bomba de bencina, y también de conductor de micros. Ahí Huguette me ayudaba, se subía a la micro conmigo y cortaba los boletos mientras cobraba para asegurarse de que no me estafaran. Me veían la cara de “gringo” y yo no entendía tanto de la moneda chilena.

 

Así la vida avanzó y las aventuras también. Trabajé como jefe de un taller mecánico en la calle Gorbea y nos casamos con Huguette. Al poco tiempo encontré un aviso de un galpón que se vendía en independencia y lo compré. En la semana arreglábamos y vendíamos autos, sobre todo Simca. El fin de semana le pagaba con asados a mis mecánicos para que me ayudaran a montar todo el taller y así fue como nació Service Nivadour 

 

Mi idea inicial era venir por dos años a ganar plata o “faire le Pérou” como se decía en esa época. Formé un hogar, una familia y toda una vida en Chile. Las aventuras, al estilo John Wayne, nunca faltaron. Y así terminé quedándome y disfrutando más de 60 años.

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Samui

Vengo de una familia de 5 personas de una pequeña ciudad de China. Al ser la primera universitaria y la última hija de tres, mis tradicionales padres, me criaron como si fuera un niño. Esto significa que ellos querían que yo fuera valiente y tomara riesgos en mi vida y mi carrera. En su feudalista y tradicional mente, los hombres deberían y tenían que ser más aventureros. Al crecer con esa expectativa, siempre estuve abierta a probar diferentes cosas, incluyendo estudiar en el extranjero, tener una relación internacional e inmigrar a otro país.

Migré a Estados Unidos por mi matrimonio. Mi esposo, originalmente del medio oeste, fue un profesor voluntario en China. Éramos colegas y estamos juntos desde el 2000. Lo que más aprecio de él es su empatía y curiosidad hacia otras culturas. Teníamos muchas cosas en común y nos ayudamos mutuamente a crecer.

Cuando nos casamos e hicimos el papeleo de inmigración el 2007, fue la primera vez que experimente los prejuicios de ambos, tanto americanos como chinos. En el lado de China, mis amigos y colegas especulaban porque yo renunciaría a mi carrera para mudarme a Estados Unidos. Había gente alrededor mío que pensaba que Estados Unidos era tan rico que las calles estaban pavimentadas con oro. Ellos pensaban que yo renuncie a todo por dinero. También, había personas que venían de ciudades desarrolladas de China que pensaban que Estados Unidos, especialmente los estados del medio oeste y las ciudades del sur, estaban llenas de granjeros poco educados. Ellos querían que me quedara y consideraban una decisión poco sabía que me mudara a Estados Unidos. En el lado estadounidense, cuando fui por la preparación de la visa y la entrevista, me sentí intimidada. Sentía que tenía que probar que yo merecía venir a Estados Unidos y que no era un matrimonio falso. También escuche a algunos americanos que yo tenía suerte de mudarme a su país.

A pesar que mi historia de inmigración no es única en ningún sentido, el proceso me mostro como los estereotipos de ambos pueden llevar a juicios discriminatorios.

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Souk

Mis padres querían vivir en una democracia, porque no estaban de acuerdo con el gobierno comunista que controla China. Mis abuelos y bisabuelos sufrieron durante la revolución cultural, eso afecto en la crianza de mis padres y sus puntos de vista. Así que cuando yo tenía 8 años, mis padres y yo nos mudamos desde Shanghai a Toronto. Cerca de unos 7 años después, los 3 nos mudamos a Maryland, donde aún vivimos.

Mientras la globalización y el uso de las redes sociales aumentan en el mundo, el gran abismo de las inequidades socioeconómicas se vuelve más y más evidente. Pienso que tenemos que juntarnos para apoyar los derechos de los inmigrantes, porque creo que la inclusión y la diversidad por completo, hacen una mejor sociedad.

En la investigación científica, nos enfrentamos con problemas difíciles y a veces esotéricos, que para resolverlos, necesitamos enfoques interdisciplinarios. Esto requiere expertos con diferentes bases científicas para colaborar y comunicarse con los otros. Pero no solo somos científicos, somos humanos y nuestras vidas personales y experiencias a menudo influencian nuestros pensamientos, creatividad y nuestra habilidad para resolver problemas. Por lo tanto, en mi experiencia, diversificar quien puede ser un científico, también mejora el campo de la ciencia como un todo.